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ERA EL

Todos le llamaban "Monseñor" . De un título, el pueblo hizo su nombre. Quien oía decir "Monseñor", sabía que era él y no otro. Era él. Un hombresito moreno, de ojos negros; inquisidores, aunque tímidos. Ojos que se clavaban en los ojos de los hombres en quienes èl encontraba sinceridad, pero equívocos cuando se cruzaban con miradas hipócritas.

Tenia los labios inquietos de la verdad. Labios que se abrían para animar al desalentado, reprender al descarriado, consolar al desesperado. Labios de un sacerdote bañados diariamente con la sangre de Cristo, sembradores de la palabra de Dios. De mediana estatura, inclinaba el hombro derecho cuando ofrecía su mano a otro. E inclinaba el hombro no por complejo de inferioridad, sino como consecuencia de la infección que tuvo en él tras el accidente que sufrió de joven.

Era el hombresito de la sotana de la sotana negra y de sotana blanca. Ese hombresito que acariciaba frecuentemente la cruz que llevaba en su pecho, como para dar a entender que lo importante era la cruz y que su personalidad pasaba a segundo plano. Ese hombrecito bueno de manos generosas. ese hombrecito del dedo que apunta con su gesto la fuerza de la palabra que pronunciaba su boca. Era él.

Fuente: OSCAR A. ROMERO Biografia.
Autor: Jesus Delgado.


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